María Arroyo Moya - Asociación Paxis Inclusión
1. Evaluación diagnóstica (inicial):
La evaluación inicial se realiza al comienzo de la intervención con cada participante. Para ello, el equipo de Paxis utiliza entrevistas con las familias, que las realiza en concreto Cristina (una de las pedagogas del centro); observación directa durante las primeras sesiones, así como la revisión de informes previos (educativos, clínicos).
Además, se elaboran anotaciones diarias durante los primeros meses donde se recogen datos relevantes como el nivel de autonomía, habilidades sociales y comunicativas, intereses, y necesidades específicas de apoyo. Esta evaluación permite al equipo diseñar un plan de intervención personalizado y adaptado a las características de cada usuario.
2. Evaluación formativa (continua o procesal):
A lo largo de las sesiones, la evaluación se realiza de forma continua a través de la observación sistemática. El equipo educativo anota el progreso de cada participante mediante registros anecdóticos y valoraciones cualitativas.
Periódicamente, los profesionales se reúnen con las familias para poner en común los avances, dificultades o necesidades detectadas, lo que permite hacer ajustes en las actividades, adaptar apoyos o reforzar determinadas habilidades. Además, mensualmente se les envía a la familia un resumen, tanto escrito como en vídeo, de lo que se ha trabajado en cada ámbito para que ellos tengan información constante de lo que se está trabajando en clase.
3. Evaluación sumativa (final):
| Imagen 1. Una de las páginas del boletín de evaluación de este trimestre. |
La evaluación final se lleva a cabo cuantitativamente mediante una lista de estimación (con valores que van del 1 al 5). Cada educadora elabora una serie de ítems que desea evaluar en cada uno de los ámbitos que se trabajan en el aula en sus alumnos, y posteriormente estos ítems son enviados a Cristina. Ella se encarga de reformularlos y darles coherencia con los objetivos generales del curso o programa.
Una vez revisados, se elabora un boletín de evaluación. Los profesionales se reúnen para completar estos boletines de forma individualizada, analizando el caso de cada alumno. Además de los ítems marcados, se incluye un apartado de valoraciones personalizadas, donde se detallan aspectos cualitativos del progreso de cada participante. Este boletín se entrega a las familias al final de cada trimestre con el fin de proporcionarles una retroalimentación amplia y significativa.
4. Instrumentos que he utilizado:
Por otro lado, mediante observación directa y por los comentarios proporcionados por las educadoras de Paxis, pude identificar que una de las necesidades presentes en el grupo esta relacionada con la educación sexual. Por lo tanto, diseñé un cuestionario compuesto por ítems agrupados en varias áreas clave: el conocimiento y respeto del propio cuerpo, la autonomía en hábitos de higiene, la identificación y expresión de emociones, el respeto de los límites personales y las conductas sociales adecuadas en distintos contextos.
Para valorar la frecuencia o intensidad de estas conductas, se empleó una escala de estimación de 4 niveles, donde 1 corresponde a “Nunca” y 4 a “Siempre”. Una vez recogida toda la información, procedí a analizar cualitativamente y cuantitativamente los resultados, agrupando los datos por dimensiones temáticas. Este análisis será fundamental para ajustar el enfoque metodológico del proyecto, seleccionando las actividades más adecuadas y adaptando los contenidos al nivel real del grupo. Además, esto permite establecer una línea base que servirá como punto de comparación con la evaluación final, pudiendo así medir el impacto de la intervención.
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