¡Hola a todos! Llegando al final de este periodo de prácticas, no puedo evitar sentir una mezcla de emociones. Ha sido una experiencia que, si bien me ha permitido crecer personalmente, también me ha generado cierta desilusión al compararla con la de algunas de mis compañeras y con las expectativas que tenía al comenzar.
Desde el inicio, mi actitud ha sido positiva y he mantenido un alto nivel de compromiso con todas las tareas que se me han asignado. En cada una de ellas, he tratado de dar lo mejor de mí, con el objetivo de favorecer al aprendizaje de los menores y hacer que se sintieran acompañados en su proceso educativo.
Uno de los aspectos que más me ha impactado ha sido el contraste entre lo que hemos aprendido en el grado y la realidad del centro. Muchos de los objetivos pedagógicos no se han puesto en práctica, y he podido comprobar cómo, en lugar de apostar por metodologías activas e innovadoras, el aprendizaje se ha centrado exclusivamente en el uso del libro de texto, copiando contenido y realizando tareas de forma repetitiva. El principal objetivo del centro parecía ser que los alumnos completaran sus actividades, sin tener en cuenta su bienestar ni fomentar en ellos una actitud positiva hacia el estudio.
Esta forma de trabajar no solo limita el desarrollo del alumnado, sino también el de quienes estamos en formación. Me he sentido condicionada en cuanto a mi capacidad para poner en práctica competencias específicas de nuestra profesión. Aún así, he intentado aportar un enfoque más cercano y flexible, adaptándome a las necesidades de los menores y buscando que, al menos durante mi estancia, vivieran el aprendizaje de una manera más amena y significativa.
Tal como expresé durante la primera semana, mi objetivo principal era aprender, y puedo decir que lo he conseguido. Me he enfrentado a situaciones que siguen estando presentes en muchos contextos educativos y que evidencian la necesidad urgente de cambio. Creo firmemente que nuestra labor como futuras profesionales es precisamente esa: mejorar la educación y despertar el entusiasmo por aprender en todos los niños y niñas. Estas prácticas me han permitido experimentar en primera persona los retos reales de la enseñanza, reforzando mi compromiso con la transformación pedagógica.
Por ello, valoro muy positivamente mi capacidad para desenvolverme. Al principio me sentía insegura, sin saber cómo actuar, pero poco a poco fui ganando confianza y aprendiendo a tomar decisiones. Esta experiencia me ha hecho crecer y me ha reafirmado en mi vocación.
Me ha parecido genial la manera que tienes de expresar lo que has sentido, a pesar de que la metodología no te haya gustado has aprendido a confiar en ti y en tu capacidad de desenvolverte en cosas que a lo mejor antes no lo hubieses hecho.
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