Soy Carmen Molina, y he realizado mis prácticas en el IES Ramón Carande. Recuerdo que los días previos a mi llegada al centro fueron un poco caóticos. Tenía mucha ilusión y ganas por aprender, pero también tenía cierta incertidumbre respecto a si estaba realmente preparada para enfrentar los desafíos que pudiera encontrarme.
Ahora que hemos llegado a la recta final de esta experiencia, comprendo que las dudas eran parte del proceso, y que equivocarse y no saber qué hacer exactamente en cada situación también son formas válidas de aprender.
Gracias a esta oportunidad, he tomado conciencia de lo importante que es confiar en mis propias habilidades, ya que, aunque aún me queda mucha formación por adquirir, he podido enfrentar situaciones reales que me han hecho ver que tengo la capacidad y la vocación necesarias para asumir los retos que implica este camino.
En cuanto a qué he aprendido durante este periodo de formación, puedo decir que me he llevado muchos conocimientos tanto a nivel profesional como personal, lo que me ha ayudado a crecer, dándome más recursos y herramientas que no se aprenden con solo leer apuntes de clase, más seguridad y una visión más clara de lo que supone trabajar en este ámbito.
Si hablamos de mi desarrollo vocacional, he aprendido cuán importante es el papel irremplazable del orientador en un instituto, sobre todo en uno con una realidad tan compleja como la del barrio del Polígono Sur. “El instituto se nos cae si nos faltan las orientadoras” fueron las palabras del director cuando regresamos al centro después de asistir durante pocas horas a una reunión con el Equipo Técnico Provincial de orientación de la zona. Y es que, alumnos y profesores vienen a buscarnos a menudo al despacho pidiendo que le resolvamos sus dudas e inquietudes frente a sus estudios o a su trabajo como educador, lo que nos hace sentir indispensables.
Además, he aprendido que para ser una orientadora verdaderamente respetable, se debe tener un gran sentido de la responsabilidad con la educación y un compromiso estrecho con la protección de los derechos del menor, pues esta labor gira entorno a significantes objetivos, como por ejemplo, procurar que el estudiantado disfrute de su derecho a ser formado para construir el futuro más prometedor que desee alcanzar, en un contexto seguro y que vele por su desarrollo en la sociedad. Pues no todas las personas que viven en zonas como esta pueden beneficiarse de ello sin impedimentos.
A lo largo de estas semanas, me he encontrado con innumerables retos que me han hecho ver que, aunque este trabajo es increíblemente gratificante, también es una profesión bastante dura. Es imprescindible saber gestionar tus propias emociones y aprender a diferenciar entre la vida personal y la profesional, porque más de una vez nos enfrentamos a casos en los que nos implicamos demasiado emocionalmente, y eso puede llegar a pasarnos factura. No siempre podemos arreglarlo todo como si fuéramos heroínas. A veces, hay cosas que simplemente se escapan de nuestras manos, y eso es algo difícil de aceptar.
Otro aspecto que quería destacar es que este trabajo no sería posible sin la colaboración de los demás agentes del centro educativo, lo que implica la necesidad de contar con un buen clima de trabajo, donde se puedan expresar opiniones sin ser juzgado, contar con la ayuda de los demás y mantener una relación positiva con objetivos comunes, que no es más que brindar una educación de calidad para el alumnado. Sin embargo, a veces pueden surgir roces en la convivencia laboral, lo cual es otra dificultad a la que cualquier trabajador debe enfrentarse de la mejor manera posible.
En conclusión, en el futuro espero lograr formarme para llegar a esta profesión, pues esta siempre ha sido mi meta desde que estaba en la secundaria. Asimismo, espero cultivar muchas más experiencias que me permitan seguir creciendo y mejorando mis competencias para dar lo mejor en mi puesto de trabajo, sirviendo de apoyo para todas las personas que necesiten de mis orientaciones y consejos. Por último, espero que, con un poco de suerte, me toque trabajar con personas igual de maravillosas como las que me han tocado en el Departamento de Orientación del centro, y poder forjar vínculos donde desahogarnos en momentos difíciles y celebrar juntos nuestros avances y logros.
Carmen, qué bonito leerte. Se nota todo el cariño, la entrega y la reflexión que has puesto en tu experiencia. Has sabido transformar cada reto en aprendizaje y eso dice mucho de ti, tanto a nivel profesional como personal. Ojalá sigas encontrándote con espacios y personas que te ayuden a crecer como lo ha hecho este centro. ¡Tienes todo para ser una gran orientadora!
ResponderEliminar