miércoles, 26 de marzo de 2025

Semana 05 (24/03-28/03): Relaciones

El equipo de la academia está formado por cuatro profesionales, especializados en áreas diferentes:

  • M. J.: director de la academia. Graduado en Educación Primaria con mención en Educación Física y luego completó un Máster en Psicopedagogía. Encargado de la organización del centro, la gestión de los pagos y la atención telefónica.

  • J. C.: Graduado en Biología, y junto con G.: Ingeniero, se encargan de apoyar a los alumnos de secundaria en sus estudios.

  • C.: controla la asistencia y, además, ayuda a los alumnos de primaria con sus tareas.

En la academia estamos seis estudiantes en prácticas: dos de 4º y una de 3º del Grado en Pedagogía, dos del Máster en Psicopedagogía y una del Grado en Comunicación. Entre todos hemos formado un gran equipo de trabajo, apoyándonos mutuamente y aprendiendo juntos. Sin embargo, el clima de trabajo está siendo un poco complicado. A continuación, voy a compartir algunas experiencias que lo ejemplifican: 

Una de las primeras dificultades que encuentro es que, cuando ayudo a los niños con sus actividades, tanto mis compañeras como yo recibimos constantes llamadas de atención para que guardemos silencio porque, según ellos, hacemos demasiado ruido en la sala de estudio. No obstante, no considero que sea así, ya que cada una de nosotras trabaja de forma individual con los estudiantes dentro del mismo aula, lo que genera inevitablemente un murmullo, pero no un ruido excesivo. Además, la situación se complica porque en la academia hay niños de edades muy diversas, desde los 5 hasta los 16 años. Es evidente que los más pequeños necesitan moverse, interactuar y aprender de forma dinámica. No se les puede pedir que permanezcan sentados durante 3h seguidas sin actividades lúdicas o flexibles.

Por otro lado, resulta contradictorio que nos pidan silencio estricto cuando ellos mismos gritan de un despacho a otro, creando mucho más ruido y un ambiente caótico. Esto hace que trabajar en estas condiciones sea realmente complicado. A pesar de nuestros esfuerzos, parece que nunca hacemos nada "bien". Si nos sentamos al lado de un alumno para ayudarle, nos dicen que no, porque los estudiantes deben aprender a hacer las actividades por sí solos, aunque muchos tengan dificultades. Pero cuando nos distribuimos por el aula, también nos llaman la atención, diciéndonos que debemos estar con cada estudiante explicándole el contenido, lo cual es difícil porque no siempre dominamos todos los temas.

Considero que es importante saber cómo funciona realmente esta academia, ya que no se realiza un trabajo pedagógico, sino que nos piden que los alumnos copien 20 veces para memorizar lo que tienen que aprender. Además, las opiniones de los estudiantes en prácticas no cuentan. 

En la academia no se trabaja en equipo, ya que las indicaciones varían según la persona. He presenciado situaciones inapropiadas, como cuando se les pega collejas a los niños solo porque "tienen confianza" con ellos, lo cual me parece totalmente irrespetuoso y contraproducente para el ambiente educativo y el desarrollo de los estudiantes.


1 comentario:

  1. Es admirable que, a pesar de las condiciones descritas, sigas manteniendo una actitud de aprendizaje y colaboración con tus compañeras. Se nota que te preocupas por el bienestar de los estudiantes y que tienes un enfoque pedagógico mucho más enriquecedor que el que parece promover la academia.

    Estoy totalmente en desacuerdo con la manera en que gestionan el centro. Un espacio educativo debería fomentar un ambiente de respeto, flexibilidad y adaptación a las necesidades del alumnado, especialmente cuando hay niños de edades tan diversas. No tiene sentido exigir un silencio absoluto cuando se trabaja con estudiantes que necesitan interactuar y moverse para aprender mejor. Además, es inaceptable que la propia dirección del centro genere un ambiente caótico con sus propias acciones, mientras impone reglas poco coherentes al personal en prácticas.

    Es preocupante también que no valoren ni escuchen las opiniones de quienes están en formación. Un centro educativo debería ser un espacio de aprendizaje no solo para los niños, sino también para quienes están en prácticas, brindándoles orientación y apoyo, en lugar de desautorizar su trabajo y contradecirse constantemente. Y lo más grave, las conductas inapropiadas como las collejas son absolutamente inaceptables y reflejan una falta de profesionalismo y ética.

    Sigue confiando en tu criterio y en tus valores educativos. Está claro que tienes una visión mucho más centrada en el aprendizaje real y en el respeto a los estudiantes. No dejes que un ambiente mal gestionado te haga dudar de tu capacidad ni de tu vocación. Ojalá encuentres pronto un entorno donde realmente se valore tu trabajo y tu compromiso con la educación. ¡Ánimo y sigue adelante!

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